Como todas las mañanas de estos 60 días ya trascurridos desde mi habitación de aquel, llamémoslo, lujoso hotel, vi tras aquellas vendas la poca claridad que entraba de las rendijas de aquellas persianas. Aquello me alegraba tras haber estado en aquella oscuridad. Me levanté para ir al baño, con cuidado de no hacer ningún ruido que pudiese despertar a mi madre, y como siempre cogí mi querido bastón, que ya le estaba cogiendo cariño. Mi madre se despertó asustada: - Hijita te ayudo?
- No mama, no estoy invalida.
Odiaba aquel hijita pero ella seguía llamándomelo desde que tenía unos tres o cuatro años.
Tras salir del baño le pregunte a mi madre que hora era, estaba impaciente por recibir noticias de mi querido doctor, que por lo que recuerdo de antiguas revisiones medicas: era joven, alto, delgado, moreno, unos ojos claros, tendría unos 30 años pero el tío estaba cañón. Eran las diez y media, hora exacta en la que pasaba a saludarme todos los días y a preguntarme por mi estado.
Entró puntual como siempre y dijo:
- Hola Samanta! Que tal? Impaciente por saber que noticias tengo?
- Hola! Pues si la verdad, para que nos vamos a engañar
- No te hago esperar más, tras los últimos resultados, tu ojo izquierdo ya responde favorablemente y el derecho esta espléndido, por eso hemos decidido quitarte hoy mismo la venda. Con la condición de que deberás llevar un par de días un parche en el ojo izquierdo en las horas en las que el sol azota mas con sus rayos.
Mi madre lo interrumpió como siempre con sus ataques de histeria:
- No será demasiado pronto doctor?, mira que no quiero sufrir más por esto.
- Mama por favor, si el doctor cree que esto es lo correcto no crees que será por algo.
Vaya madre! encima dice que sufre, la que sufro soy yo que llevo aquí metida 60 días aguantando sus quejas y problemas. El doctor prosiguió a llevarme con el a otra sala ya preparada para el gran momento. Yo estaba de los nervios, como cuando te vas a subir a la caída libre del parque de atracciones, pues igual.
Y llegó el momento, el doctor me quito las vendas de los ojos y me dijo que me preparara, ya que iba a ver un poco borroso y me costaría no cerrar los ojos. Lo sorprendente fue que al abrirlos no estaba en aquella sala del hospital, si no que estaba en una habitación verde claro en la que había: una cama, un escritorio, una mesita, un armario y un cuadro. Cuando iba a mirar quien era la persona que estaba en el cuadro....
Ya no estaba en aquella habitación, sino en la sala blanca del hospital y vi aquel doctor que me dijo:
- Que tal? Ves todos los colores con perfecta nitidez?
- Sí, hasta veo que usted esta igual que antes, solo que con un poco de barba pero igual que hace unos meses.
- Jejeje. Me alegro de veras.
No le comenté a mi doctor aquella visión, supuse que sería normal al estar tantos días contemplando solo imágenes de mis sueños.